11

Dic

2023

Artículo de opinión

El refranero peruano

Para decir que algo es fácil se dice “papaya” o “papayita” en el Perú, lo que en España se diría “pan comido”. También yuca, camote, piña y otras frutas o menestras sirven acá para dar contenidos idiomáticos al habla coloquial.

Por Carlos Arrizabalaga. 11 diciembre, 2023. Publicado en El Peruano, el 9 de diciembre de 2023.l

Los refranes y expresiones fijas de una tradición idiomática revelan contenidos idiosincrásicos y estereotipos culturales (respecto de género, edad, trabajo, moral, religión). Van cambiando con el tiempo, conforme las sociedades resitúan sus valores. No todas proceden de España y, más bien, un buen número de expresiones americanas tuvieron fortuna en Europa ya desde la época virreinal, aunque también las difundieron autores populares como Ricardo Palma. Hasta le atribuimos la frase “de inga y de mandinga”, aunque el recordado profesor Augusto Alcocer demostró en el 2003 que Palma jamás la había usado, al menos por escrito.

Una expresión muy peruana que cruzó fronteras fue “estar en la luna de Paita”, aunque la que más éxito tuvo, si se demostrase peruano su origen, fue “ni chicha ni limonada”. Hay muchas que son adaptación o equivalencia, sobre todo en las comparaciones prototípicas. En Trujillo se decía “como una muralla” y en Piura “como un barranco”, el estar algo como un muladar, por la costumbre de arrojar la basura en esos lugares. Roxanne Cheesman (2014) comenta algunas frases limeñas como “fuma como chino en quiebra”, “queda como palo de gallinero” y, entre ellas, “candelita de muladar”; la antigua expresión delata la acumulación de basura frecuente en la Lima colonial y republicana, pero sirve ahora para decir que en cualquier momento un viejo conflicto puede resurgir.

Para decir que algo es fácil se dice “papaya” o “papayita” en el Perú, lo que en España se diría “pan comido”. También yuca, camote, piña y otras frutas o menestras sirven acá para dar contenidos idiomáticos al habla coloquial. El cambio de “pasar página” o “romper palitos” (“romper cobijas” dicen los colombianos) a todo lo que suene a tradicional se nota en la obsolescencia de muchas frases y en la aparición de otras nuevas o la modificación de su sentido, como ya denunciaba Palma: “En el Perú tenemos refranes que expresan todo lo contrario de lo que sobre ellos reza el Diccionario de la Real Academia de la Lengua”. Más bien, dicen lo mismo con otros términos, como constata Juan de Arona: “Lo mismo es Chana que Juana”, era ya refrán local en todo idéntico al español: “Olivo o aceituno, todo es uno”.

El gaditano José María Sbarbi, en su Florilegio fraseológico comparativo castellano (1873), ejemplificaba: “¿Propónese decantar la riqueza y opulencia de algún comerciante? Ahí están el Potosí y el Perú, que le prestarán su nombre, con más facilidad por cierto que sus tesoros, para poner en parangón los que guarda el sujeto aludido con los que encierran las minas de aquellos reinos.” También trae: “Todo el mundo es Popayán”, en el sentido de que existen parecidos defectos en todas partes.

La fraseología revela estereotipos, a veces negativos o incluso denigrantes: “bailar con la más fea” se atribuye a un origen argentino, pero está muy extendido y tal vez debería quedar en el olvido. Palma (1903) explicaba “hacer chichirimico” como destruir una fortuna, y no había escritor festivo –dice Palma–, “que no haya empleado esta locución”; pero eso fue hace más de un siglo. Tampoco se usa ya “pagar la chapetonada”, por aclimatarse, ni “amasar un tamal”, por preparar una intriga.

Otras perduran. Gonzalo Correas registró, en su Vocabulario de refranes y frases populares (1627), una docena de “refranes de las Indias” y aparece allí la expresión “la luna de Paita”, que se tenía por famosa, “porque da en unos arenales que la hacen más clara”.

Con razón Benvenutto Murrieta (1936) opinaba que el refranero peruano “ofrece amplio y sabrosísimo campo de estudio”. Hay prejuicios al respecto, porque lo patrimonial fácilmente se iguala a la cultura criolla, aunque en realidad no solo identifican a los criollos de la costa. Pedro Benvenutto registra “comida hecha y amistad desecha”, “cuando el río suena, piedras trae”, “escobita nueva barre bien”, entre otras. Fue el primero que registra la frase elativa “como cancha”, tan prolífica. Rubén Vargas Ugarte (1953) señala “yo tengo un choclo para ese queso”, “aquí te quiero ver escopeta”, “come callana por la mañana” y otras más. Ninguno recoge “de aquí a Lima”, que es un modismo español que se utiliza para describir una distancia muy larga o un tiempo dilatado. Setenta y una recoge César Ángeles Caballero, y habría que sumar las que traen Martha Hildebrandt y ahora DiPerú.

Sbarbi achacaba su abundancia a “una propensión innata”, pero no todas son igual de acertadas ni duraderas. Una lista mayor podría hacerse de las que para bien o para mal, valgan verdades, desaparecieron de la memoria colectiva. Entre ellas la que yo siempre escuché de mi madre, en Pamplona, sobre todo cuando pedíamos alguna propina: “Pero ¿tú te crees que esto es Jauja?”.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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